Danzas medievales y del Renacimiento




En la Edad Media, la danza fue una actividad muy importante en la vida cotidiana. Se bailaba en fiestas, celebraciones familiares y encuentros sociales, y siempre estaba vinculada con la música instrumental. En esta época no existía la idea de “música instrumental para escuchar en silencio”: los instrumentos producían melodías para acompañar el movimiento del cuerpo.
Desde una perspectiva histórica, podemos distinguir dos grandes tipos de danza que, durante siglos, convivieron y compartieron elementos comunes, según quién las bailaba, con qué finalidad y el tipo de música que las acompañaba.
1. Las danzas populares, practicadas por campesinos/as, artesanos/as y habitantes de pueblos y ciudades, se caracterizaban por su carácter colectivo y participativo. Las carolas —danzas en círculo o en cadena— son el ejemplo más representativo: se bailaban agarrados de las manos, con pasos sencillos y repetitivos, favoreciendo la inclusión de todas las personas presentes. La música asociada a estas danzas se caracterizaba por utilizar frases breves, ritmos claros y estructuras repetitivas, interpretadas con instrumentos como flautas o percusión ligera. En muchos casos, el propio canto marcaba el pulso del movimiento.
2. En paralelo, en los entornos aristocráticos se desarrollaron danzas cortesanas, donde el cuerpo se convierte en un espacio de representación social. Bailar implicaba mostrar control, elegancia y dominio del gesto. Aquí aparecen danzas como el saltarello, de ritmo vivo pero estilizado, y las basses danses, más lentas y solemnes, con movimientos deslizantes y cercanos al suelo. Estas danzas estaban acompañadas por música instrumental más estructurada, de tempo moderado y continuidad fluida, diseñada para sostener coreografías medidas y ordenadas.
Entre ambos mundos actúa como puente una de las formas instrumentales más importantes del periodo: la estampie. Con su estructura en secciones repetidas y ritmo marcado, la estampie es la forma musical medieval que mejor evidencia la relación directa entre música y movimiento. En este contexto se sitúa Kalenda Maya, atribuida a Raimbaut de Vaqueiras Aunque es una canción, su estructura muestra claramente que podía bailarse.
Esta síntesis nos permite comprender que, en la Edad Media, la música instrumental no nace como música para escuchar en silencio, sino como música pensada para acompañar el cuerpo en movimiento. Sus estructuras repetitivas, su regularidad rítmica y su aparente sencillez responden a una lógica funcional: hacer posible el baile, sostener el ritmo común y reforzar la experiencia compartida. Entender la danza medieval desde esta doble mirada —social y musical— prepara el camino para el Renacimiento, donde estas prácticas se codificarán, se escribirán y se transformarán en la base de las grandes tradiciones de danza y música instrumental europeas.
Danzas populares: carolas y acompañamiento instrumental
Las carolas —danzas en círculo o cadena— eran una de las formas más extendidas de danza popular en la Edad Media.
En muchos casos era una melodía repetitiva que se bailaba cantando, pero también podía interpretarse por una agrupación de instrumentos al azar. Los más habituales:
-
Viento: flautas, chirimías
-
Cuerda: vihuelas o fidulas
-
Percusión: panderos, pequeños tambores
Características musicales más importantes de la música medieval para danza:
-
Frases breves y repetitivas
-
Ritmos claros y constantes
-
Escasa complejidad formal, priorizando la continuidad del movimiento
Eran piezas de música que buscan desarrollo temático, sino sostener el ritmo colectivo, permitiendo que muchas personas participen sin dificultad.
La carola fue una de las danzas más habituales en la Edad Media. Se trataba de un baile colectivo, practicado en fiestas y celebraciones, donde no existía separación entre quienes bailaban y quienes observaban. Todas las personas participaban juntas, reforzando la idea de comunidad.
Para bailar una carola, las personas se colocaban en círculo agarradas de las manos. El movimiento principal consistía en caminar al ritmo de la música en una misma dirección. Los pasos eran sencillos y se repetían continuamente, lo que permitía que cualquier persona pudiera sumarse al baile sin necesidad de aprendizaje previo. El cuerpo acompañaba el paso con un balanceo suave, natural y fluido. No había saltos ni figuras complicadas, ya que el objetivo no era lucirse, sino mantener el ritmo común y compartir el movimiento con el grupo. La carola podía bailarse mientras se cantaba o con un acompañamiento instrumental sencillo, siempre con un ritmo claro y constante.
En la carola, la música no estaba pensada para ser escuchada en silencio, sino para sostener el movimiento del cuerpo. Por eso, sus melodías eran repetitivas y regulares. La danza podía prolongarse tanto como durara la música, incorporando pequeñas variaciones espontáneas, como cambios de dirección o pausas breves, según el ambiente festivo.
Danzas cortesanas y formas instrumentales más estilizadas
En los entornos aristocráticos de finales de la Edad Media aparecen danzas más controladas, que anticipan claramente el Renacimiento.
Saltarello
-
Forma musical en compás ternario.
-
Ritmo vivo, con patrones repetidos.
-
Música instrumental pensada para movimientos rítmicos más complejos, aunque estilizados en la corte.
Basses danses (bajas danzas)
-
Música de tempo moderado.
-
Frases largas y regulares.
-
Carácter solemne y estable.
Relación con la danza:
Las basses danses se bailaban “pegadas al suelo”, sin saltos, lo que se refleja en una música fluida, continua y sin contrastes bruscos. Esta relación directa entre movimiento corporal y estructura musical es fundamental para comprender la estética cortesana medieval.


